Capítulo 1

Era invierno en 2005 y estábamos en el Wicklow.

Wicklow es uno de los condados más pintorescos de Irlanda situado a lo largo de la costa oeste, a unos 100 km de Dublín. También el primer y único auténtico pub irlandés abierto en Bilbao por aquéllos tiempos lleva su nombre.

En su diminuto y acogedor espacio, mi adorado tío Eamon y yo compartíamos conversación con un whisky bien caliente, ya que según la tradición, ¡así se curan los catarros!…

Le explicaba fascinada, ante su atenta e inolvidable mirada irlandesa, la historia de una romántica novela que desde hacía días me tenía embelesada. Le contaba cómo en su portada, aparecía “El Beso”, una de las obras más emblemáticas del pintor Gustav Klimt; también cómo aquél relato que me transportaba hasta la efervescente e inspiradora Viena de principios del siglo XX, tenía como protagonista a una mujer. Ella era pianista como yo, compositora y musa del proverbial artista austriaco.

Cuando estaba a punto de empezar a enumerar los detalles de todo lo que provocaba en mí aquélla lectura, la conversación se detuvo.

El mayor enamorado de James Joyce que ha vivido en este planeta, me preguntaba por el nombre de la autora… Aquélla tarde fue la primera vez que oí hablar de Carmen…

Capítulo 2

A lo largo del mes de marzo del pasado año, el teléfono sonaba sin parar.

Además, llevaba días recibiendo mensajes de los propietarios del piso de al lado… Sentía que estaban interesados en contarme algo importante, pero mi intensa dedicación profesional y un horario laboral en avalancha, me impedían poder pararme a pensar con claridad, así que sin querer no les hice mucho caso…

En las últimas semanas, los niños y yo sentíamos desde casa movimientos nuevos y propios de pequeñas reparaciones. Con esta nueva banda sonora de fondo, avanzábamos felices como siempre en nuestras clases.

Ya estaba claro que después de casi un año, había llegado una nueva familia a la casa de al lado. Deduje, por tanto, que la intención de mis antiguos vecinos con sus intentos de contacto, sería tenerme al tanto de lo que también anunciaba cambios para mi.

De vez en cuando se oía alguna vigorosa y joven voz que saludaba divertida y con inmenso cariño:¡¡¡¡¡¡¡¡¡abuelaaaaaaaaaa!!!!!!!!; esto me encantaba.

Aún así, algo temerosa ante la idea de perder la paz de la que tanto he disfrutado en este tiempo, esperé un poco hasta no saber de quiénes se trataba exactamente.

Capítulo 3

Un domingo normal antes de salir a pasear, encontré a una hermosa mujer en el descansillo. Ya asomaba la primavera con sus cambios y había mucha luz.

La luminosidad del sol entrando por el sureste de nuestro ático por las mañanas, se entremezclaba con el brillo de su rubia melena. Ella se acercó a mí con la confianza que sólo existe entre personas que se conocen desde siempre. Cogiéndome la mano, sonrió y me miró a los ojos. Con dulzura dijo: “Qué bonito mundo tienes María. Quiero que seamos muy amigas”.

Todo parecía recordarme lo afortunada que soy. Al parecer, se trataba de la persona que acababa de alquilar la casa de al lado, y mi primera impresión no podía ser mejor.

Capítulo 4

Javier, Leire y yo finalmente logramos encontrarnos después de terminar mis clases de los viernes en Bilbao.

Ahora veo cómo su única intención era hablarme de la forma en que su nueva y primera inquilina amaba profundamente tanto el mundo de la música como el piano. Al parecer, y en vez de molestarle, también le divertía muchísimo encontrar cada jornada diferentes trenes de zapatitos junto a nuestras puertas.

Se les veía ilusionados sabiendo que la persona que había llegado, estaba entusiasmada por vivir junto al hogar de una pianista y profesora de música. Les resultaba mágica la conexión de ser ambas mujeres que, viviendo de nuestra vocación en el mundo del arte, ahora compartimos nuestras vidas bajo un mismo tejado…

Ese día me di cuenta del gran cariño que al parecer me han tenido desde siempre estas dos personas.

Después de un buen rato conversando sobre todo esto, y aunque yo no lo necesitara en absoluto, sus explicaciones continuaron: “María, ella es Carmen Torres Ripa, es escritora y periodista…, estuvo casada con el también periodista…”

… A partir de este momento en una cafetería, en la que ya son las 8 de la tarde y según la normativa del momento están a punto de cerrar, sólo puede oírse el grito de una estupefacta pianista de Bilbao que aclama un nombre… : ¡¡¡¡¡Leonoraaaaaaaaaaa!!!!!

Desde ese mismo instante y sin poder creerlo, son ellos quienes boquiabiertos me escuchan a mí una vez más hablando de aquél libro, y de lo que, a día de hoy bien podría ser el comienzo de otra novela inventada, pero es la realidad…

Capítulo 5

Carmen es la autora de la única obra que en su momento leí dos veces seguidas y regalé a todos mis seres más queridos por navidad.

De un modo milagroso vive ahora junto a mí, siendo a día de hoy una de las mejores amigas que jamás hubiera soñado tener.

Ella dice: “María, sí nos conocíamos desde siempre, pero ahora nos hemos encontrado…”; yo respondo: “siempre supe que me caía realmente bien la escritora de Leonora…”

Un segundo más tarde, ambas resolvemos casi al unísono y entre carcajadas: «sabemos que …¡¡¡las casualidades no existen!!!»