No es de extrañar que a todas aquellas personas poco familiarizadas con el estudio musical, les sorprenda que algo tan aparentemente sencillo como tocar un instrumento, conlleve un alto contenido de “trabajo invisible” pero a la vez preciso y exigente que éste supone.

La realidad es que disfrutar de tocar bien el piano va mucho mas allá de dejarse llevar por lo impulsivo o el azar..

Bien lo saben quienes se ponen manos a la obra acompañados por quienes, como yo, en tiempos de inmediatez y seguramente un poco fuera de la moda, damos tanta importancia a lo estructurado, lo metódico, y sobre todo al orden al que nos lleva seguir un procedimiento concreto, para tratar de obtener el mejor resultado musical.

Desde el sentido común, uno de los objetivos principales en mis clases, es tratar de provocar en quien aprende, cierta atracción por la parte estratégica y artesanal que precede a cualquier expresión artística de calidad, ante la que el cuidado de cada paso que se da es esencial.

Resulta además reconfortante comprobar que no hay trucos ni atajos. Poco a poco hemos ido descubriendo que, a la larga, ir deprisa y saltándose los pasos, es ir despacio y al revés..

Con consignas que suenan a juego y casi a broma, como casi siempre en nuestro ambiente, el alumnado poco a poco va comprendiendo perfectamente algo que comienza con una sencilla “receta de María” y  termina contagiando un sinfín de buenos hábitos, que pronto aplicarán a otras áreas importantes de su vida.

No es fácil todo el rato, pero avanzando juntos y convencidos en nuestro proceso de superación y ambición musical, confiamos y apostamos claramente por la buena práctica que tanto nos aporta y enseña cada día.