Historia del Colegio Haurtegi en Algorta

Irremediablemente ligada a la biografía de Maria Dolores Vaquero, quien con ideas tremendamente innovadoras fue su fundadora, la historia de Haurtegi ha marcado la vida de innumerables generaciones de getxotarras que han crecido en la preciosa casa de la céntrica calle Andikoetxe durante estos últimos 50 años.

Mi relación con el centro se remonta al año 2012, cuando, con un montón de ilusiones escritas en un papel y una carpeta naranja llena de dibujos de mis alumnos inspirados por la música, decido emprender una búsqueda. Estaba cansada de trabajar para instituciones muy normativas que no compartían mi visión de disfrute y aprendizaje musical.

Milagrosamente, la primera puerta a la que llamé, la abrió María Dolores. En nuestra primera reunión me dijo: “la música deber ser tan importante como las matemáticas”. Y así, surgió el flechazo. A continuación añadió: “María, tú vas a triunfar, sólo debemos hacer que te conozcan los padres”… no lo olvidaré jamás; era la primera vez que escuchaba algo así…

A pesar de no lograr alcanzar el ideal de incorporar la música de manera estructural al currículum de los alumnos tal y como ambas compartíamos, puedo decir que en la casa de Haurtegi pude seguir desarrollando mi proyecto y convertirlo, verdaderamente, en la casa de la música.

El cierre de Haurte, como cariñosamente lo llaman las familias, en este mismo curso, supone un impacto importante tanto personal como social. Es el fin de una etapa para la familia Gómez Vaquero, también para mí , aunque una pandemia ya nos había separado previamente, pero sin duda, también lo es para un pueblo que ha visto como tristemente se terminan un proyecto socio/educativo y la vida de un edificio tan bonito y apreciado, siendo ambos tan emblemáticos para nuestro municipio de Getxo.

A mediados del mes de noviembre me reúno con María Dolores y su hija Myriam en mi casa para charlar, conocer sus emociones y hacer un repaso amistoso de lo que han sido estos años. Para ello, preparo feliz un desayuno calentito y flores blancas, siempre calor y flores para ella… Así surge la idea de grabar y publicar.

 

Sirva esta publicación para rendir un homenaje a María Dolores, y a Haurtegi. También me gustaría transmitir desde este pequeño espacio y de primera mano, un mensaje que la familia Gómez Vaquero quiere que se sepa: El colegio ha cerrado porque no ha habido otro remedio, económicamente no era viable. Jamás ha habido un “pelotazo inmobiliario” por su parte, sí mucha pena y sí muchas deudas acumuladas a pagar. Dicha aclaración viene de haber tenido que escuchar este tipo de frases y comentarios en varias ocasiones por la calle, incluso viniendo de gente muy querida para ellas, haciendo todo esto ahondar aún más en su duelo por la dramática despedida.

María Dolores, una mujer pionera

 

María Dolores Vaquero, nacida en 1935, y madre de 10 hijos, habla de su vida con la seguridad de quien ya ha visto la película hasta el final. Con orgullo y agradecimiento. También con la tristeza de ver como su gran proyecto ha terminado, y no de la mejor forma posible.

A lo largo de la conversación, va desgranando los momentos más relevantes de su actividad profesional y, dejando entrever, una forma de ver y tratar a la infancia muy adelantada a su época.

Antes de Haurtegi, ya había fundado en los años 60 otro colegio en su Zamora natal, para edades de entre 0 y 9 años. En ese centro fue pionera en la integración del alumnado con diversidad intelectual, convenciendo a las familias de los beneficios de convivir con otros niños.

Con este colegio ya funcionando, surgió un buen trabajo para su marido en Vizcaya y ya con cuatro hijos, deciden mudarse para así también dar más oportunidades de futuro a su descendencia.

Cuando yo abrí Haurtegi, la media de hijos era de seis por familia”

Maria Dolores nos dibuja con su relato una estampa costumbrista de su vida en Algorta: montones de niños jugando y corriendo por la Avenida Basagoiti hasta la Iglesia de San Ignacio mientas sus madres “parlotean” y los padres, totalmente ausentes, trabajan inmersos en el auge de la industria. Nos habla también de las Añas, que criaban a esos no-hijos, a su manera. Ella era una de esas madres y, ya con seis hijos, decide que hay que organizarse. Con el apoyo de esas madres-amigas, comienzan a buscar una casa, con jardín, para fundar un colegio donde los niños puedan estar como en casa, pero aprendiendo y sumando valores.

En el año 1970, con una visión totalmente novedosa, decide que su centro no puede ser una “guardería”, allí, no se guardan niños. No admite ni si quiera administrativamente ese término, que se registrará como actividades diversas. Incluye desde el principio el aprendizaje del Inglés, que en ese momento era impensable. Nombra a su centro como Haurtegi, en euskera, cuando su uso estaba muy mal visto. Presiona a los padres, para que acudan a las reuniones escolares, los invita a involucrarse en la educación de sus hijos, y así hacer «familia»…

Tiene muy claro que la música es fundamental, tanto como las ciencias sociales, las matemáticas o cualquier otra asignatura esencial para la formación de un niño.

En varias ocasiones a lo largo de nuestra entrevista, comenta la necesidad que sentía desde siempre de incluir la música como asignatura diaria, la dificultad de hacer ver  esto a los padres y también, lo complicado de encontrar a una persona adecuada que enseñe el lenguaje universal de manera profesional y siempre de un modo atractivo para los más pequeños. «Fue entonces cuando apareció María…»

«No tengo tanto mérito como se me atribuye, siempre tuve muchas ayudas»

En el relato que nos hace de lo que fue su vida hay mucha humildad y  agradecimiento, sobre todo a las mujeres… y a lo que siente como momentos de gran suerte que atribuye a  “su ángel de la guarda”.

Mucho agradecimiento a su hermana Balbina, que se quedó viuda con 40 años y sin descendencia, y tanto le ayudó con sus hijos… Gracias a esto pudo emprender.

También a sus amigas, las otras madres, vecinas, que le ayudaron a montar el colegio y por supuesto, se lo llenaron de niños y niñas.

Incluye a los bancos, especialmente a la directora de uno de ellos, quien nunca le ha escatimado crédito para ayudar a pagar lo que hubiera hecho falta.

Evidentemente, a las generaciones de fieles familias que durante años y años han confiado a las profesionales de Haurtegi sus tesoros más preciados, los niños y niñas sin quienes nada de esto hubiera sido posible, primero como alumnado y luego como futuros padres de alumnos.

Y a ese ángel de la guarda que le proveyó, en momentos muy críticos, de soluciones inesperadas. Como cuando salió a la venta una de las dos partes de la casa en la que se ubicaba el colegio, hasta entonces alquilada, y no se le concedía mas crédito para poder hipotecarse sin una cantidad de entrada de la que no disponía… pero, de la nada, apareció el importe justo en su cuenta gracias a la expropiación de una parcela de monte heredada y que ni siquiera conocía.

Así, poco a poco, nos va desgranando las dificultades, las crisis, las reformas educativas y sociales… en una suerte de repaso de la historia más reciente de nuestro estado, que ha cambiado… y ¡vaya si ha cambiado! la forma de ver y tratar a la infancia, la configuración de las familias, el mercado laboral y la educación, por supuesto.

Tristemente, el orgullo de lo logrado, no consigue eclipsar la pena del momento actual. Llega el momento del cierre. Fundamentado en varios pilares que se explican por si solos en lo comentado anteriormente, la viabilidad del legendario centro estaba comprometida desde hacía tiempo. Con muchos créditos e indemnizaciones a su cargo, la única solución era la venta de la casa, con la que únicamente se consigue liquidar la actividad y cubrir dichas deudas.

Lo que ha de suceder a continuación, es cosa de los constructores que han adquirido la propiedad y del Ayuntamiento que ha aprobado el proyecto de derribo de esa vivienda tan singular.

La familia se encuentra, según sus propias palabras, ante un triple duelo: el de cerrar lo que ha sido el proyecto de su vida; el de ver desaparecer el lugar en el que han crecido, celebrado y compartido su historia y trabajo y; por último, el del desajustado juicio social que han podido percibir a su alrededor sin tener (como suele ser lo habitual en estos casos) conocimiento alguno de la realidad.

En medio de la laboriosa tarea que supone a veces llevar adelante tu propio proyecto en solitario, y como por arte de magia, van apareciendo fuerzas aliadas; las mejores se quedan para siempre.

Tal y como reflejamos al empezar el curso en este blog, sin duda Mariña Casais ha sido una de ellas, tanto en mi vida laboral como personal a lo largo de todo este tiempo. Sólo podía delegar en alguien tan inteligente y especial como ella, la delicada misión de relatar desde mi voz la historia que habla del vínculo con el que en su momento fue un colegio pionero en Bizkaia: el colegio Haurtegi de Algorta. En él, una familia, sin apenas conocerme y desde el primer momento, quiso ofrecerme la oportunidad profesional que hasta entonces nadie me había dado…

Gracias María Dolores por haber sido mi mecenas y por enseñarme que confiar en la vida es el comienzo de todo.

Gracias Mariña, por decirme siempre «si quiero».

María Isusi

 

Idea y entrevista: María Isusi

Texto y edición de audio: Mariña Casais

Fotos: Archivo Haurtegi y María Isusi