“Sobre el modo de abordar correctamente una partitura para su práctica en el repertorio clásico” bien podía haber sido el larguísimo título que da nombre a esta primera entrega de una serie de capítulos que tratarán directamente sobre el contenido de nuestro trabajo en muchas de las sesiones, y finalmente se ha llamado como en clase: «Trabajo de mesa». 

La base de lo que veremos a continuación, esta apoyada en algo tan coloquial como nuestro “pensar antes de hablar” de toda la vida, pero aplicado a un contexto de aprendizaje musical.

El objetivo es tratar de ayudar a desbloquear lo que observo a menudo y tan habitualmente se da cuando la persona se queda sola ante el peligro en su práctica individual de la semana. Me consta que algunas vivencias únicamente pueden llevarnos a la frustración o al desánimo con el piano, y también que esto puede y debe evitarse siempre.

Especialmente entre el alumnado adulto, falsas creencias que no aportan, sino todo lo contrario, caen en el peligro de ir afianzándose, sonando a melodías que nada nos agradan como : “esto es realmente complicado”, “resulta demasiado difícil para mi”, o “soy muy torpe”, por no olvidar «¿y a todo el mundo le pasa como a mí?”, y por supuesto.. “María, que con estas edades yaaa…” entre tantas otras….

Lo que reflejan algunas situaciones, habla de estrés e ideas que poco tienen que ver con nuestro amor por la música, o con una realidad objetiva; llevando a la persona a sentirse a veces como “atrapada” o imposibilitada para poder disfrutar de la bellísima exploración ante la que nos encontramos cada vez que nos proponemos una práctica musical de calidad, e independiente del nivel en el que nos encontremos.

La gran noticia es que, poniéndonos manos a la obra con humildad, creando un estratégico manual de pasos a seguir, puedo asegurar sin dudarlo que ¡¡el éxito estará garantizado!!!

Todo irá perfecto ante una pieza adaptada a nuestras necesidades musicales, siempre y cuando antes de lanzarnos a la práctica en el instrumento, se sigan con paciencia, sentido común y mucho orden los siguientes pasos:

– Vista previa de la composición musical (número de compases, tipo de ritmo, armadura, signos de repetición, etc)

– Lectura de notas, que no dejo de practicar hasta lograr la agilidad y despreocupación por este aspecto.

– Observación de figuras o combinaciones que resulten complicadas.

– Señalización para su posterior trabajo de lugares concretos, compases o notas especiales. Como por ejemplo: líneas adicionales, tresillos en combinación con semicorcheas, silencios a contratiempo, entre otros…

– Análisis tonal: tipo de escala, modo, grados tonales…

– Análisis de acordes que aparecen o no, en estado fundamental, inversiones, de séptima, disolución, etc.

– Selección de compases, frases y/o fragmentos que se procederá a repentizar y después a entonar (si es posible, con guía musical sonando y acompañando como en clase).

– Elección de frases o compases concretos en los que se presenta una dificultad específica, para su posterior abordaje con fórmulas tales como: repentización, repetición, ejercicio de trabalenguas, sobrepaso de la velocidad requerida, etc.

– Digitación.

El estudio musical únicamente debe aportar entretenimiento, placer y disfrute. Lo que podamos percibir como complicado o imposible en algunos momentos, debe ser recibido e interpretado sencillamente como una gran señal.

Señal que llega en forma de aliada y nos ayuda a comprender que solo nos hemos saltado alguno de los puntos anteriormente mencionados.

Una vez haber llegado a este lugar, comprenderemos el amplio mundo de posibilidades que se abre ante nosotros a modo de investigación. Así llegaremos a la meta deseada con el regalo del inmenso disfrute que este interesantísimo proceso conlleva.

Animo de corazón a las personas que quieran abrir esta nueva puerta, a tomarse estas experiencias con el rigor, paciencia e ilusión que la música sin duda merece.