“Sobre la importancia de abordar el aspecto polifónico de una partitura escrita para piano en el repertorio clásico”, bien podía haber sido, de nuevo, el larguísimo título para este segundo capítulo de la serie dedicada a reflejar parte de nuestro trabajo con el alumnado joven y adulto.

La base de lo que veremos a continuación trata sobre el concepto de polifonía y la importancia de la comprensión del piano como instrumento transmisor de diferentes melodías. 

Melodías que entrelazadas entre sí, cantan, bailan y suenan a la vez, hasta el punto en el que pareciera como si un solo pianista tuviera superpoderes cuando simultáneamente se ocupa de escuchar, atender y tocar lo que harían dos, tres o más músicos con sus correspondientes partituras y respectivos cerebros.

Los objetivos: liberar a la música de la simbología que contiene una partitura, así como tratar de ayudar a descifrarla, siempre al servicio de un resultado artístico de calidad.

En todo momento nos basaremos en la horizontalidad de la línea expresiva que todo lenguaje contiene. Quienes tocamos el piano sabemos que a medida que se avanza de nivel, el número de músicos que contenga cada composición elegida, podrá ir variando y creciendo.

Los pianistas interpretamos con las dos manos, tal y como hacen los demás instrumentistas, hasta aquí no hay ningún problema… lo que ocurre es que en nuestro caso, cada mano debe ocuparse de diferentes misiones musicales, ya que cada una representa a un intérprete o a más…

Al estudiar el exigente repertorio en la etapa final de mi carrera superior, aprender e integrar esta visión de horizontalidad fue primordial para poder defender cada compleja pieza del programa.

Ahora, en mi papel de acompañante de tantísimos alumnos, con diferentes casuísticas y niveles, reflexiono acerca de la necesidad de no esperar a enfrentar un repertorio de semejante envergadura, teniendo más claro que nunca la importancia de transmitir este enfoque desde el momento inicial de aprendizaje.

Observo cada día con los más pequeños, y en su primera toma de contacto con el instrumento, hasta qué punto este planteamiento es principal para su futuro musical en el piano.

Todo lo expuesto hasta ahora es clave para poder comprender que “montar” la partitura que hay detrás de una composición, requiere del mismo -paciente y a veces complejo- proceso que pudiera suponer avanzar correctamente en la construcción de un puzzle, un nuevo juguete con piezas o un mueble prefabricado de Ikea.

Alcanzar esta visión implica madurez musical y mucho realismo. Tendremos en cuenta diversos grandes enemigos y resistencias de todo tipo que asomarán por el camino, siendo estos algunos de ellos:

– La “inmensa pereza” que, de entrada, suele dar comenzar por observar y explorar, en vez de lanzarnos a tocar lo que vamos leyendo sobre la marcha o dejándonos llevar.

– El esfuerzo que efectivamente requiere este tipo de abordaje. Suele vivirse más como una dificultad añadida que como una la solución para una larga vida de nuestra pieza…

– Lo contagioso de lo visual. Nuestro cerebro nos dice una y otra vez que lo representado es vertical, y efectivamente así es. El efecto embaucador que provocan todos los datos que vemos colocados unos sobre otros y en un pentagrama sobre otro, es una gran invitación no consciente a actuar en base a lo recibido a simple vista, que nos apartará de la idea de investigar más allá.

– La verticalidad que contienen los mecanismos internos del piano.

– La verticalidad que conlleva la acción desde el cuerpo sobre teclas y pedales.

Ante situaciones de bloqueos que puedo vivir en las sesiones con mi alumnado y que –como comentaba en el capítulo anterior– solo pueden llevarnos a lugares no deseados y a alejarnos de la música, será siempre productivo recordar como dijimos, que ¡¡¡las grandes noticias siempre llegan!!!

No olvidemos que lo fundamental para un buen músico es diferenciar con claridad los conceptos de tocar y practicar, entrenar y transmitir, estudiar e interpretar….

Ahora sabemos que con nuestras humildes manos a la obra, y creando un estratégico plan de acción, tanto el éxito como el disfrute estarán garantizados. 

Todo irá perfecto ante una pieza adaptada a nuestras necesidades, siempre y cuando antes de lanzarnos a por ella, sigamos con paciencia, sentido común y mucho orden los siguientes pasos:

– Vista general de la partitura en lo relativo al “trabajo de mesa” (Hablamos de ello en el primer capítulo de esta serie).

– Observación del número de músicos que, a simple vista, creemos encontrar en cada pentagrama.

– Distribución de nuestro trabajo en base al fraseo y líneas de expresión.

– Transcripción de la melodía de algún músico concreto (o de cada una de ellos, tal y como refleja la melodía en sol mayor de las imágenes). 

– Entonación (con la guía de un instrumento como apoyo) de la melodía de cada uno de los músicos que ya conocemos.

– Interpretación en el piano de estas melodías por separado, tratando de ir entonando, escuchando, conectando y disfrutando de cada una de ellas, tal y como haríamos si esos sonidos procedieran de un instrumento melódico. Este último paso, no debería estar pendiente de lo pianístico si no de lo rítmico y sonoro. No escatimaremos en suprimir o añadir notas, entre posibles variaciones, al servicio de lo que sea necesario para que toda la información musical quede bien acomodada.

Actividad sugerida para el profesorado:

Desde lo experimentado en tantas sesiones grupales, considero altamente recomendable la puesta en práctica de este tipo de trabajo de indagación sobre lo musical y lo melódico. Para ello usaremos la voz como instrumento. Con una actividad de este estilo llevaremos a cada participante del grupo a poder experimentar directamente con todo lo propuesto, llegando a cantar en muchos casos con dos o más voces lo que inicialmente hemos encontrado en una partitura de piano.

De este modo el fruto del estudio con el lenguaje musical irá directamente enfocado a la pieza, elegida como caso práctico, que cualquier integrante del grupo pueda estar practicando.