El intenso frío en estos días de octubre ha sido la metáfora que mejor expresa el dolor y la pena infinita que me produce saber que no volveré a verle, ni a disfrutar más de nuestras variopintas y geniales clases de piano.
La cálida luz en estos días de octubre ha sido la siguiente metáfora que mejor expresa, en forma de contraste, lo que ahora siento como el gran regalo que ha supuesto para mí, haber sido su profesora de piano.
Desde mi punto de vista, como profesional en el mundo de la música y de la enseñanza a lo largo de tantos años; el potente e inspirador legado de superación musical que él nos ha dejado, no es sino el gran símbolo que refleja cualidades humanas propias de una persona genuinamente excepcional.
Como algo puntual dentro del  estilo de este blog, quiero dedicar mi homenaje personal a José Ramón Prieto Estefanía, quien probablemente sin saberlo, me ha hecho tan feliz, especialmente en nuestros últimos meses de trabajo.

Querido Joserra,

Te escribo esta sencilla carta días después de tu despedida en este mundo.

Reconozco que me siento un tanto extraña por dirigirme a ti ahora desde aquí, sabiendo además, que pronto estas líneas serán compartidas incluso por personas que ni siquiera conozco.  No puedo evitar ese pequeño cosquilleo en el estómago a donde a veces nos lleva el pudor.

…A la vez que me asaltan las dudas, llega una imagen… ; en ella veo de inmediato tu eterna y luminosa sonrisa….;  y desde ahí, únicamente queda espacio para sentir la fuerza que ésta me da, así que sigo redactando; exactamente igual que tú hubieras hecho. Como tú me enseñaste.

 

Nuestros primeros recuerdos contigo viajan hasta la primavera de 2012. Digo “nuestros” porque íbamos a trabajar para ti, en formato de ¡¡Banda Jazzera,  y a tocar!!

Eran tiempos de alegría, en los que amenizábamos felices aquéllos maravillosos y distinguidos eventos de estilo neoyorkino en tu casa de Bilbao con Cóctel Riders.

Allí siempre nos sentimos importantes, valorados y queridos; sobre todo muy queridos, tanto por Ana como por ti.

 

Nuestras bromas acerca de cómo y cuándo nos las ingeniaríamos en algún momento de la vida para retomar tus estudios de piano, rondaban habitualmente nuestras charlas una vez terminada la función.

Sabíamos sin duda, que algún día llegarían; y así fue Joserra…, vaya que si llegaron…

 

Tan solo hace un año, y con el claro objetivo de tejer un plan de acción, tuvimos nuestro encuentro acordado a modo de reunión de trabajo.

Nos citamos en la calle Marqués del Puerto, en la cafetería situada frente a la Sociedad Filarmónica de Bilbao.

Yo llegué unos minutos antes, asi que pedí un café americano y me senté junto a la ventana. 

Probablemente inspirada por las vistas, recordé un día normal de invierno en el que nos invitaste a Mercedes y a mí a un concierto en el que una de mis pianistas favoritas interpretaba sonatas de  Beethoven…. ¡Quien podría resistirse a semejante plan!

Al terminar el impecable recital, emocionado y discreto, queriendo darnos la sorpresa, nos acercaste hasta el camerino de la talentosa y bellísima Kathia Buniatishvilli. Ella nos recibió con la amabilidad, elegancia y cercanía propia de quien ha tocado el cielo con sus manos. Lo recordaré siempre.

Mientras reflexionaba acerca de la forma en que estar junto a ti era lo más parecido que conozco a entrar en una glamurosa película de arte, llegaste con Ana, y a partir de ahí, empezó todo…

La reunión fue breve y eficaz. Valoramos un horario y calendario que agendamos sin problema.

A continuación, tal y como hago siempre, te transmití diferentes propuestas y sugerencias en base a tus necesidades, gustos y preferencias musicales….

“María, yo: ¡sólo con partitura y alineado con el repertorio clásico del Conservatorio y del Plan del 66!”, me dijiste con la rotundidad y determinación que tanto te caracterizaban cuando sabías bien lo que querías.

Cuánto nos hemos reído juntos de estas palabras tan sólo unos meses más tarde… Creo que es mi deber volver a confesar que sigo riéndome en este momento mientras escribo y recuerdo…

 

Inicialmente y respetando nuestro acuerdo, en noviembre comenzamos disfrutando de composiciones de los genios importantes.

Cómo no deleitarse interpretando piezas de Bach, Mozart, Schumann o Chopin entre otros…

En un suspiro, y creo que sin que te dieras mucha cuenta, de pronto eras tú quien poco a poco iba proponiendo…

Bandas sonoras de películas y composiciones para tocar a cuatro manos con las que lo pasábamos tan bien, entre otras muchas, fueron abriéndose un hueco en nuestras sesiones.

Disfrutaba tanto de observar lo que ocurría que sin darme cuenta también tus metas fueron convirtiéndose en “mis” retos.

 

Allá por el mes de febrero llegaron los músicos de Dale Candela con sus siempre atractivas invitaciones y propuestas.

A partir de ahí, todo fue precioso, tu actitud brillante.

Desde incorporar en un estudio de grabación y prácticamente sin ensayos, tus arreglos de teclado a modo de guitarrista rockero para el tema de tu gran amigo Gabica, hasta lanzarte a abrir en solitario el evento para la Asociación, que te llevó a la creación de tu exquisita composición  “Candela para Jaime”, siendo esto último interpretado por ti, nada más y nada menos que…: en la Sociedad Filarmónica de Bilbao…

Casualidad, justo frente aquella cafetería en la que cada vez que entro, te oigo decirme:  “¡Sólo con partitura y alineado con el repertorio clásico del Conservatorio y del plan del 66!” 

 

Gracias Joserra por haber querido ser mi alumno

Gracias por Candela y por el inmenso valor que representa.

Siempre estarás en mi corazón.

 

                                                                                      Fdo.

                                                                                     María Isusi Nogueira

 

Composición: José Ramón Prieto, grabación: Íñigo Escauriaza, transcripción e interpretación: María Isusi